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damian delgado |  | Fecha: | | 24-02-08 23:26 | Ip Registrada (Condiciones de uso) |  | Asunto: | | Historia forestal | | En los caminos
vacíos de La Forestal
Por Osvaldo Bayer
Salimos a buscar el año ‘21 en sus recuerdos y lo encontramos en su realidad. Hemos recorrido el norte santafesino con el dolor y la ironía que deja la comprobación que el año 1921 vale para el 2001, ochenta años después. Se cumplen ochenta años de las sangrientas huelgas obreras de La Forestal. Ojalá que en todo colegio secundario los docentes y alumnos se pregunten el porqué. El porqué de tanta crueldad contra los obreros, de tanta obsecuencia de los políticos de turno para con el poder económico en tiempos de democracia, el porqué de tanto egoísmo criminal de la gigantescas fábricas de tanino.
La Forestal es el ejemplo más claro de la explotación capitalista de un lugar y su método egoísta que finalmente termina en ser la más absoluta depredación. Compra miles de hectáreas de quebrachales, construye las fábricas de tanino, exporta millones de toneladas y, cuando la riqueza natural se termina, se va llevándose hasta los bulones. Deja nada más que tierra arrasada, abandono, miseria, tristeza, decepción. La mejor muestra está en los pueblos abandonados que dejó y que van siendo reconstruidos lentamente por los hijos de los explotados.
La primera pregunta es: ¿qué hicieron los gobiernos argentinos con sus partidos “nacionales” y las dictaduras militares que tocaban el clarín antes de sus proclamas contra los “enemigos de la patria”. El capital inglés tuvo siempre un sueño de hadas; nadie lo molestó, sólo se preocupó de enviar las divisas con gusto a sangre y quebracho directamente a Londres. Es una caricatura perfecta de aquello que el capital viene a ayudar a los pueblos subdesarrollados. Fue el mismo esquema del petróleo en tantas latitudes de los países de la colonia y la dependencia.
Eso sí, cuando los obreros de los bosques y los caminos reaccionaron por su dignidad, vino el garrotazo, la celda, la humillación, la muerte. Basta leer esta denuncia en la legislatura santafesina, llevada a cabo por el diputado Salvadores, en 1921. Habla del “martirio del dirigente obrero anarquista Teófilo Lafuente”. Para muestra basta un botón. Un historia eterna de la policía y de la Gendarmería argentina. Teófilo Lafuente, denunció el legislador, fue conducido desde Vera hasta Villa Guillermina por el sargento Julio Luna. Desde la estación hasta la comisaría fue llevado al trote, a punta de sable, mientras algunos gendarmes descargaban sobre sus espaldas una verdadera lluvia de golpes con los sables y los winchesters. En la policía, Goñi sometió a este obrero lleno de entereza a suplicios verdaderamente brutales. Con intermitencias breves se le aplicaban terribles palizas en las que se emplearon frecuentemente las carabinas por el caño, esgrimiéndolas como garrotes. Los intervalos entre paliza y paliza debían ser soportados por la víctima cumpliendo severísimos plantones con la cara vuelta a la pared y colocado siempre sobre un cajón o una silla para que los demás compañeros del infortunado pudieran observar quién era el martirizado, invariablemente se le anunciaba que el plantón había terminado con una bofetada a la que seguía una lluvia de golpes y puntapiés. Frecuentemente se lo invitaba a declarar contra sí mismo y contra sus compañeros y su firme respuesta: “no tengo nada que decir” era recibida con nuevos golpes. Pero no era suficiente, señores diputados, este suplicio brutal; era necesario para saciar la crueldad y los instintos verdaderamente feroces de los verdugos, unir al martirio de la carne el tormento del ultraje infamante, para aprobar la altivez y la hombría de este modesto obrero. Colocáronlo sobre una silla y se ordenó a los demás detenidos, 40 o 50 hombres que desfilaran uno poruno delante del martirizado y lo escupieran en la cara. Después se siguió apaleando todavía a Lafuente hasta que su resistencia física fue vencida y cayó de boca en la puerta del calabozo siendo empujado a puntapiés hacia al interior. Fue cuando el comisario Goñi ordenó a un teniente de la Gendarmería que por la noche condujera la víctima al monte y cumpliera “su deber”. El prólogo de la desaparición de personas que aplicarían medio siglo después los militares argentinos.
Pero claro, esto parece una crónica más de la represión brutal que sufrieron en todos los gobiernos los obreros luchadores por los derechos de los hombres y mujeres del trabajo. No, lo más increíble y sorprendente fue que el gobernador radical de Santa Fe, Enrique Mosca, dicta una ley donde crea la Gendarmería volante para actuar en las tierras de La Forestal aceptando para su equipamiento, y los gastos que demande el escuadrón, la donación de la propia empresa de un fondo para esos fines represivos.
Es una desvergonzada intervención del gobierno elegido por el pueblo para reprimir al pueblo. Es interesante, además, leer en los documentos de la Legislatura santafesina que a “los comisarios de los pueblos de La Forestal, el gobierno radical les asigna un sueldo mensual de 150 pesos, pero La Forestal les pasa oficialmente una subvención mensual de 450 pesos mensuales y una partida de 70 pesos para forrajes. La empresa británica, como si fuera poco, les da a los jefes policiales: casa habitación, luz, leña, caballos y armas. En los almacenes de La Forestal los uniformados podían adquirir lo que quisieran a precios muy ventajosos”.
Después nos preguntamos de dónde nacen los defectos de nuestra democracia. Estos antecedentes nunca fueron revisados por la Legislatura ni por el gobierno nacional de Hipólito Yrigoyen que justo seguía gobernando después de los fusilamientos de la Patagonia y de la bestial represión de la Semana Trágica.
Se cumplen ochenta años de las huelgas de La Forestal. Otro de los hechos ignorados por la historia oficial. Fue el digno Gastón Gori quien con su libro La Forestal dejó todo al desnudo. Y Gori es seguido hoy por historiadores jóvenes como César Ramírez y David Quarin quienes van descascarando el muro de silencio que acompañó a las depredaciones de La Forestal y la indiferencia de los gobiernos provinciales y nacionales.
Si comenzáramos a analizar la conducta de los monopolios, el método de las grandes empresas y la política del último cuarto de siglo nos encontraríamos con una gangrena que carcome nuestra democracia. Aunque tengamos presos en coquetas casas de fin de semana a alguno de los inspiradores y seguidores de esta política de oprobio, habría que revisar las relaciones globalizadas de los que aceptan los dictados del capital cuando amenazan retirarse del país que explotan.
Dejamos los caminos vacíos de La Forestal. Duele la burla. En casi todas las ciudades santafesinas hay una calle con el nombre de Enrique Mosca, el que dio una guardia uniformada a la empresa para que ningún obrero osara luchar por sus derechos. En cambio, en ningún lado se lee ni siquiera una placa en recuerdo a Teófilo Lafuente, el digno luchador por los derechos humanos en esa tierra rojiza.
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guillerminera |  | Fecha: | | 25-02-08 05:38 | Ip Registrada (Condiciones de uso) |  | Asunto: | | RE: Historia forestal | | gracias Damian por escribir este hermos texto, espero que todos lo sepan aprovechar... y saber un poquito de historia de su pueblo!
este autor es muy importante ya que tambien fue el que escribio "patagonia Rebelde" ,yo te acompañaré con otros textos, e invito a todas aquellas personas que tengan en su poder narraciones de aquella epoca, que utilicen este medio para publicarla. |  |
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guillerminera |  | Fecha: | | 25-02-08 05:41 | Ip Registrada (Condiciones de uso) |  | Asunto: | | RE: RE: que personaje!!! otto | | esOtto y sus fieles perros
Por José Domingo Segovia
DNI 10.471.317
Villa Guillermina, Santa Fe
Enviado a través de Radio Chaco, AM 740
Villa Guillermina es uno de los pueblos privados de la compañía “La Forestal Argentina”, que en sus comienzos fue de alemanes que crearon hermosas casas y pueblos para sus obreros.
Esta es la historia de un personaje que no conocí, pero que debido a los habitantes de Villa Guillermina aún permanece en la memoria...
Hernest Hauser Otto era un obrero mecánico que llegó desde Austria al norte Santafesino para trabajar en la compañía La Forestal Argentina. Fue uno de los expulsados por los ingleses cuando tomaron todas las acciones. Desde ese tiempo, “Otto” vivió en las afueras del pueblo, con su soledad, en un humilde rancho que aún está en el pueblo. Se ganaba la vida arreglando armas. Este personaje recorría las calles de Villa Guillermina con una decena de perros fieles que fueron su compañía durante muchos años. No había un cazador de monte que no lo conociera por su perfecto arreglo de armas. La compañía forestal a veces lo llamaba para pedirle asesoramiento sobre el mantenimiento de máquinas, que él conocía como la palma de su mano.
Aún se recuerda aquel genio que vino porque quiso vivir aquí. El día de su muerte lo velaron en su humilde rancho, con sus perros alrededor de la mesa donde yacía su cuerpo. Cuando llegaron los dueños de los cajones del sepelio, quisieron tomar el cuerpo de Otto para ponerlo en el cajón, pero los perros se levantaron y fue imposible. Sólo después de que un vecino les convidó algo de carne, los perros salieron del lado de su amo. Así fue como pudieron colocarlo en su cajón.
La Compañía Forestal pagó por su sepelio y mandó a construir una presentable bóveda que aún está en este pueblo, lleno de historias de la época forestal... desde el levantamiento y muertes de obreros en los años 1919, pasando por Rogelio Lamazón, Otto aún vive en el recuerdo de nuevas generaciones.
Así era Otto, lo adoraban los niños por su pintoresco andar y algunas amas de casa lo invitaban con un rico plato de comida.
Cuando se fue, la gente lo extrañó mucho. Luego de su despedida, los perros que vagabundeaban por su calle, continuaron siendo identificados por el comentario de los curiosos: “Son los perros de Otto”.
Murió el 31 de octubre de 1958, tenía 75 años.
te articulo fue publicado en diario Clarin, |  |
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damian delgado |  | Fecha: | | 25-02-08 13:50 | Ip Registrada (Condiciones de uso) |  | Asunto: | | Un hachazo a la dignidad | | Durante la primera mitad del siglo XX, estas tierras fueron testigo de la mezcla de trabajo esclavo, imperialismo, humillación, trato inhumano, hambre, desnutrición, enfermedades, depredación del medio y otras calamidades. Todo esto se hace síntesis en la explotación por la empresa inglesa "La Forestal Quebracho Company", de los montes quebrachales que existían a principios de siglo en vastas regiones del país como el Chaco y norte de Santa Fe.
A los obreros se les pagaba con lata, es decir, con vales de la proveeduría de la misma empresa, que nunca alcanzaban ni para comer, por lo que los obreros, luego de trabajar años en condiciones infrahumanas, terminaban, no sólo no teniendo nada, sino debiéndole a los patrones.
Explotación infantil, muertes por "enfermedades de la pobreza", represión por la gendarmería, con saldo siempre de muertes del bando de los obreros, fueron moneda corriente.
A continuación transcribo una parte de la obra imperdible, con letras de Rafael Ielpi y voz de Enrique Llopis, llamada "LA FORESTAL,UN HACHAZO A LA DIGNIDAD DEL HOMBRE"
En el comienzo fue apenas un nombre para extraños, el año, un año más, 1904, un año amargo.
Argentine Quebracho Company, ese era su primer nombre, sus acciones estaban en Nueva York pero sus garras caían sobre el quebracho, el tanino y los rollizos y empezaban a hundirse en esos montes del Chaco Grande, el sitio se llamaba Tartagal. Fuimos 2000, 2000 adelantados en el infierno rojo del quebracho nos dijeron entonces Tartagal, y era como una mágica palabra, vamos a Tartagal, era el conjuro, la esperanza, las ganas y la confianza, fuimos con las mujeres y los hijos, una rota y hambrienta caravana, me llamé entonces Pedro, Juan y Segundo se llamaron Florinda, Rosa Juana, todo duró lo que duró la sangre, la espalda, el corazón, el brazo hachando, 1913 un año amargo para los obrajeros explotados, nace el imperio de la forestal. Todo duró lo que duró la sangre, la espalda, el corazón, el brazo hachando.
Ahí estaba yo, sí señor, con la Rosita, mi mujer y los gurises, ocho éramos entonces, la Rosita, yo, el Antonio, Remigio, José, Ramos, Jacinta y Florinda... ay Florinda. Flaquitos todos, con las canillitas como palitos. Pero eran de guapos para ayudar en el desmonte. Allá en el pueblo nos dijeron que era buena la gente, que era buena la paga, que eran bueno’ lo’ inglese’, je, lo’ inglese, y nos vimino’ nomá’ pal obraje, pa’ qué señor, vivíamos mismo como lo animale’ señor siempre debiéndole a la proveeduría. Nos pagaban con lata, sí, lata, una moneda de La Forestal, para cambiar por yerba, azúcar a vece un pedazo ‘e carne’... ay era un abuso señor, Rosita volvamo’ al pueblo.
En julio del año 19 los pueblos forestales comienzan lentamente su camino hacia la sangre, La Forestal empieza su tarea, va cerrando obraje tras obraje, sus comisarios y sus gendarmes preparaban las armas. Cuando el gran imperio al fin cerró sus puertas, los obrajes se quedaron sin las vías, sin el ferrocarril, sin el agua, a comienzos del 20 a los hacheros les faltaba el pan, la ropa, el techo, el agua, son mochos los atropellos y muchas las razones para luchar por sus derechos.
¡Queremos mayor jornal!
¡Queremos trabajar como los hombres!
¡Que no persigan compañeros como quien corre a un animal!
¡La huelga es el camino que nos queda!
¡La huelga o el ultraje!
En Villa Guillermina, el gran imperio encuentra entonces su primer escollo, se llamó simplemente Centro Obrero.
Esos eran los compañeros que escribían la verdad y nos la leían, en el Aña Membuí, diario del pueblo. Ellos eran los compañeros que nos ensañaban cómo teníamos que hacer para que no nos tuvieran como unos esclavos en el medio de esos montes, que nos juntáramos para hablar entre nosotros, que pidiéramos lo que era de nosotros, mejor jornal, un lugar para vivir como la gente, un dotor pa’ lo gurise’ y las mujeres, que no nos pagaran con los vales, que no nos robaran en la proveeduría, nosotros no sabíamos nada de eso de defendernos, hasta que ellos nos abrieron los ojos, y así fue que vimos cómo era que La Forestal se iba llevando todo y nos dejaba sin nada a todos. ¡Gracias Juan LLovetti!
La Forestal seguía despojando, los huelguistas del año 19 consiguieron apenas unos cobres, sus dirigentes, fueron camino a la cárcel, a la tortura cruel o hacia el destierro, el ingenio lanzaba hacia el saqueo a sus muy bien pagados asesinos, el fantasma, tenía santo y seña: Gendarmería Volante.
Ya vienen los mercenarios, de dónde salen, de dónde,
el máuser siempre adelante que vientre los ha parido,
ya vienen matando gente esos gendarmes volantes
la maldición del quebracho les alcance hasta los hijos.
Cuando promediaba el año 20 la huelga estaba casi terminada. Lotito y Juan Llovetti van camino hacia la cárcel, en Villa Guillermina las cosas van camino hacia la sangre. El gerente Bianchini entra con sus matones a la fábrica, un balazo lo para para siempre, la represión comienza en ese instante.
El 12 de infantería llego hasta el pueblo
pidieron que se rindieran a los obreros,
ya estaba muerto Bianchini y muchos nuestros,
200 asesinados todos obreros,
pero ya los gendarmes eran los dueños,
ellos los mercenarios fueron verdugos,
200 obrajeros un precio duro,
200 asesinados un precio duro.
Guillerminera esta es una pequeña parte de la narración cantada por Enrique LLopis que llegó a mis manos hace poco tiempo de parte de un coleccionista de todo lo relacionado con la forestal y quiero compartir con todos los que ingresan a este foro. |  |
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guillerminera |  | Fecha: | | 26-02-08 04:09 | Ip Registrada (Condiciones de uso) |  | Asunto: | | RE: RE: Historia forestal | | | a toda la gente de Villa Guilermina, lean estos textos , el conocimiento es importamte!!! sin saber nuestra historia ,no somos nadie.debemos saber como nacimos como pueblo!!!! |  |
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