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Argentina > Rio Negro > INGENIERO JACOBACCIRecordar esta Pagina
Foro :: Fotos

 
De:
rayito
Fecha:
 21-09-06 17:22Ip Registrada (Condiciones de uso)
Asunto:
 rubén simionatto
A Rubén Américo Simionatto, el “Colorado”, se le recuerda, para bien, para mal, para reír, para insultar, para llorar, para la nostalgia, el respeto, las bromas, las peleas…
Cada una de las personas que lo conoció debe tener algún recuerdo particular, pero nadie podrá negar, nunca, que el Colorado Simionatto fue, desde la década del ´50 un pionero de raza. Un visionario apasionado, un permanente hacedor de cosas nuevas.
Sólo que por su inquieta vida, sus permanentes glorias y fracasos (de ida y vuelta), nadie –o casi nadie- dice nada, a nadie se le ocurriría hacer un homenaje en su nombre.
A casi 21 años de su trágica muerte, creemos oportuno recrear un fragmento de las palabras de Juan Matamala (publicadas en diciembre de 1985 por el Diario “Río Negro”) y otro de la prosa poética de Rodolfo Casamiquela “Romance por la muerte del último pionero de la Línea Sur”, escrito en Ingeniero Jacobacci, también en diciembre de 1985. Su muerte se produjo trágicamente, el 30 de noviembre de ese año.

UN MILAGRO COLOR VERDE (fragmento)

“… A esa zona se la llama genéricamente “las chacras”… Es ahí donde Don Rubén encontró el lugar para fabricar su milagro. Un milagro que ha perdido la dimensión de los esfuerzos… Es ahí donde nos deslumbra la perfección de los corrales, la herida negra y prolija de las melgas, el abanico desteñido de los invernáculos, el pentagrama de las mangas para conducir a los animales, un matadero modernamente concebido, los galpones, las casas, las pesebreras de los chanchos, el criadero de pollos, y… uno no sabe bien por dónde agarrar la punta del ovillo.
Rubén Simionatto construyó sus milagros en durísimos años de idas y venidas. Años de andar esquivándole a las dificultades para armar este sueño y oasis en la mitad del desierto, desde los últimos años de la década del ´50… Los patos, los gansos, la mansedumbre de un plantel de ovejas, los caballos, los novillos… Todo concebido por la mente febril de un tano gritón. El se acomodaba las horas para armar silos donde almacenar los granos traídos de La Pampa y también el tiempo para cuidar los rosales, los guindos y cerezos, los manzanos, y desmalezar las plantas de lechuga o arrecimar en un lugar oscuro la prolijidad de los jamones caseros.
…Todo tiene su razón de ser: desde el sauce viejo al alambre caído, las tranqueras que comunican con un monte de huesos o los portones que se abren para dejar estiércol de reserva…
La chacra de Don Rubén clisa los cristales de los sueños cuando se atraviesa la mágica rectitud de los alambrados que la hace privada.
…Es imposible tenacidad más empecinada que la que debe haber tenido este hombre. ¡Cómo no claudicar nuestras íntimas vagancias ante este trabajo quijotesco prendido de geranios asolados y no sentirse un poco chico ante la magnitud de una obra realizada!
… Aquí no hubo un país de duras penas, como siempre digo. Aquí florece un país posible. Melgas de papas y cebollas que pueden abastecer holgadamente una demanda prudencial de un pueblo joven. ..
… Don Rubén ya no está porque se fue hace unos días a buscar injertos de una rosa con la yerbabuena o tal vez a ver la última carrera del “Bairoletto” o “El Pibe Cabeza” en la cancha que no tiene los límites del cielo.
Desde algún rincón seguirá sacando un crédito para que alguien le crea que es cierto que en estos largos pañuelos desérticos se pueden plantar esperanzas y sudores para que nos broten frutales y jardines, y algún desprevenido se dé de narices con los milagros.
De aquí se ha ido un gringo grandote y nadie ha dicho nada, pero dejó bien escondido entre la uniformidad de un paisaje desmantelado por el viento un milagro de verde, que por casualidad -¡vaya coincidencia!- es el color de la esperanza…” Juan Matamala, diciembre de 1984 – Especial para Río Negro.


Rodolfo Casamiquela en su “Romance…” realiza una descarnada descripción de los hechos que llevaron a la muerte a Rubén Simionatto. Por razones obvias, nos ocupamos de la segunda parte del sentido homenaje escrito en aquella oportunidad.

“…Dicen que estaba acostumbrado a retar a la gente, a matonear… Hasta dicen que era un hombre malo. (¡Un hombre malo el que besaba el hocico de las vacas; el único hombre al que, por devolverle un beso, lo mordió un potrillo!)
Era un hombre muy malo Rubén Simionatto. Señor de su predio, de su chacra. La chacra modelo. Modelo en todo Río Negro, en la Patagonia entera. La vieja “chacra de Pérez” en el umbral del cañadón “Palo Marcado, a menos de una legua del pueblo. Del pueblito de Ingeniero Jacobacci – ex Huahuel Niyeo-, en el corazón salvaje de la Patagonia. Su corazón helado (treinta y un grados bajo cero en el anteúltimo invierno), bajo el viento macho ´que es cuatro del mismo lado ´, como dijo el poeta.
Allí vivía su vida, fecunda; fecundó el pedrero, fundó Rubén Simionatto su chacra: vacas a corral y ovejas, chanchos calefaccionados a garrafa que toman agua oprimiendo un botón con el hocico, molino de alimentos balanceados, huerta-jardín, invernadero… y el embrión de un matadero ¡particular!. Y un supermercado en el pueblo, y una báscula para pesar camiones… Todo a contrapelo de los bancos, del gobierno, de todos los gobiernos.
Y sus proyectos, sus mil proyectos: convertir la chacra modelo en una escuela rural, comprar más tierras vecinas (¡Pobre Rubén, fue su último gran sueño el que lo llevaría a la muerte!) para hacer experiencias con ovinos variando los ritmos del ciclo vital. El apoyo prometido al que esto suscribe para realizar el “Museo del Viento”…
Y ahora está muerto, Rubén Simionatto, el último pionero. El hombre de la risa crescendosa, ramalazosa y restallante. (Dos risas famosas hay en la historia de Ingeniero Jacobacci: la de Rogelio Cortizo, el médico querido de la Línea Sur, y la de Rubén Simionatto. Quedan sus ecos en las bardas retumbosas del cañadón Palo Marcado…
Parado sobre la cumbrera, volando hasta la cima del Cerro de la Cruz, irá y vendrá su espíritu hecho chuchumento. Riéndose y riéndote, Rubén, en el desprecio-condena eternos de la mediocridad y el servilismo. Asustando con tu sonora cadencia sorpresiva –así decían los indígenas- a los baguales del talento.
….No pudo hasta aquí ningún “nadie” matar la pureza, asesinar los sueños grandes del progreso.
Una última moraleja-pedido, Rubén: que intercedas, alma libre –si en Él creías- ante el Eterno, para que no vuelva la Patagonia a ser aquella Patagonia vieja. La Patagonia Trágica.
Para que, en cambio, resucite la generación de los pioneros, los hombres de palabra y fe, los antimediocres, los quijotes del talento y del progreso”.

Rodofo Casamiquela
Jacobacci, Diciembre de 1985
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De:
Noralí
Fecha:
 28-12-07 23:59Ip Registrada (Condiciones de uso)
Asunto:
 RE: rubén simionatto
"Los sueños no se asesinan", podrán borrar el físico de una persona, pero, jamás sus ideas, su talento y como reza Casamiquela en esa moraleja-pedido:"""Que interceda Rubén ante el altísimo,para que resucite la generación de los pioneros,de los hombres de palabra,los antimediocres, los quijotes del talento y del progreso""",que desde donde esté vea resurgir esta PATAGONIA con el mismo ímpetu que lo caracterizó.
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 Ultima actualizacion: 31/03/2008
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